Arbolitos itos de Navidad

IMG_9050

No sé si alguna vez les comenté, es que con mi memoria uno nunca sabe, que una de mis tradiciones familiares favoritas es la de hacer regalos hechos con nuestras manos, en especial por Navidad! Hacemos algo pequeño, no muy complicado, pero significativo para nuestros amigos, compañeros, vecinos, familiares, etc. La lista crece y crece y no hay quién la pare. Es un montón de diversión, creánme!

Este año como completamente nueva y flamante “Ama de casa” (aunque no sé si la casa me controla a mí o yo a ella, a veces), me tocó por primera vez cumplir con la tradición por mí sola (que mi amado esposo no es muy amante de las manualidades, según él tiene dos manos izquierdas y ninguna funciona, en fin…al menos me anima!).

Mi meta era cumplir con tres adjetivos: bonito, fácil y barato! (que entre los gastos económicos, emocionales y físicos de un nuevo hogar + bebe en camino… ya se imaginarán). Así que, ahí les va… unos pequeñitos itos arbolitos de Navidad hechos con limpiapipas!

Listos?

Sigue leyendo

Brilla, brilla… su nariz

IMG_9038

Y seguimos con los adornos navideños!! No es genial? Y es que a quien no le gusta decorar su casita de luces brillantes y colores durante estas fiestas? y aun mejor si es a un precio razonable y encima fácil!  no lo creen?

Y encima este año, yo creo estar obsesionada con los muñecos de nieve. quizá sea porque ya que es mi primer año en un lugar en el que en realidad nieva, mis ilusiones de ver al fin concretado mi sueño de armar mi propio muñeco con nieve de verdad me esta consumiendo, jajajajajaja, pero miren mi suerte, solo nevó hasta ahora un único día, y ni siquiera fue suficiente para hacer un angel de nieve decente…. en fin… seguiré obsesionada o al fin ocurrirá? ya les dejare saber, todo depende del clima!

Sin embargo, mientras tanto, vamos a armar estos facilisimos muñecos de “nieve”. Les parece?

A sus marcas, listos… YA!

Sigue leyendo

Recurseando Decoraciones

IMG_9044

Quién dice que para decorar se necesita ir de compras y gastar montones de dinero como si éste creciera en los árboles? (ya quisiéramos que tal fuera, pero no, ya lo intenté, no funciona… snifss).

Claro está que ir de compras es alucinante, a mi me encanta y no tengo ningún reparo en aceptarlo a cara pelada. Pero de ahí a ser una despilfarradora, hay una conciencia que me detiene! Después de todo, uno trabaja duro para ganarse esos billetes, y verlos desaparecer duele como una muela picada, incluso más…porque estos se van más rápido!!!

Así pues entre la disyuntiva de nuestros deseos por hacer algo bonito y no quedarnos en bancarrota a mitad del mes, lo mejor es apegarnos al celebre dicho que dice así “La necesidad es madre de todas las creatividades” y bajo su amparo, darle una nueva mirada a lo que se halla a nuestro alrededor y dejar que todo descubra vida fabulosa bajo nuestras manos. Están de acuerdo?

Pues ahí vamos!

Sigue leyendo

Con la Navidad hasta las orejas – Parte 2

_MG_0102

Yo no sé ustedes, pero yo amo la sensación de unos aretes oscilantes, el vaivén y las cosquillas al inicio del cuello. Cuando era niña y tomaba “prestado” alguno de los aretes de mi mamá, me dedicaba a voltear la cabeza de derecha a izquierda sólo por el placer de sentir el revoloteo de estos. Es una sensación que en esas épocas me hacía sentir como “niña grande” y ahora me hace sentir como una pequeña! Já, las cosas de la vida, no?

Pero en fin, la cuestión es de aretes, y en esas vamos hoy. Un nuevo proyecto navideño para el autodecorado que cada uno necesita durante las fiestas! O es que soy sólo yo la que sueña con vestirse de árbol y andar por las calles brillando? No se preocupen, no tengo vergüenza, no me inscribieron eso en el ADN. 😉

Pero tampoco exageremos! No los voy a hacer a ustedes pasar por lunáticos, a menos que eso quieran… en ese caso, únanse a mi clan! 😀 Somos felices en este lado del espectro.

Así sin más ni menos, vamos a hacer unos aretes angelicales, ¿quién dice yo?

Sigue leyendo

A puertas de la Navidad

Si yo pudiera ser un ser mítico, que ya soy legendaria al menos en mi cabeza (hablando de sana autoestima, jajaja), yo sería un duende navideño. Ya sé, nada muy glamoroso, pero es que vamos, vivir rodeada de luces de colores, aroma a canela, villancicos, chocolate caliente y bastones de caramelo suena como el trabajo soñado!

_MG_0012 - copia

Yo quisiera ser un duende navideño, punto.

Pero ya que no puedo ser, al menos puedo llevar el espíritu de la navidad a donde sea que yo vaya, pues la Navidad es la mejor época del año sin lugar a duda, y aunque claro, lo ideal es que recordáramos el nacimiento de nuestro pequeño Salvador cada día, al menos siempre podemos contar con que ésta época para unir a todos en un sentimiento de paz y hermandad (o al menos eso oramos por).

Así que en fin, hablando de puertas, ¿que no había dicho nada? ya pues, entonces, ahora lo digo: Puertas. Hoy vamos a decorar nuestra puerta con una corona que no es corona, pero como siempre le llamamos corona a la decoración de la puerta, vale con el nombre! 😉 Corona Post-modernista.

Listos? Les aviso de antemano, esto es más sencillo que un estornudo y les apuesto que todos los materiales ya los tienen en casa, así que.. ahí vamos!

Sigue leyendo

Cambios, nuevos horizontes y demás

new-life-2

Cada mañana al despertar no puedo sino tomar unos minutos para admirar los nuevos cambios en mi vida. Así me hubieran dicho tres años atrás que esto iba a pasar, no lo hubiera creído realmente, hubiera respondido un: hey, genial! Pero no lo hubiera creído porque simplemente, señores y señoras, la realidad es mil veces mejor que la ficción o incluso la imaginación, y aunque tengo una muy viva creatividad dentro de mi cabecilla loca, mis dotes no se hubieran dado abasto para crear el ahora en mi mente.

Cada mañana lo primero que me despierta es un beso de mi esposo antes de levantarse de la cama para prepararse para ir el trabajo, y mientras las brumas del sueño se alejan de mis ojos, lo segundo que me despierta son los movimientos todavía perezosos de mi pequeñita princesa en mi barriga. Miro a mi alrededor y ahí está, mi propio hogar.

Tengo una familia. Y ahora no soy yo la hija que corre a fastidiar a su mamá para que la ayude a encontrar algo que ella estaba segura debería estar en su mesa de noche. Ya no soy la bebita, aunque aún lo soy (y gracias doy por el amor de padres que nunca nos deja crecer más allá del horizonte, no importa cuán lejos o viejos, siempre seremos los mismos para ellos). Ahora soy mi mamá en cierta forma. Ahora soy la que tiene el título de “ama de casa”, un título que muchos menoscaban, pero que conlleva un mucho de divino y bastante de sacrificado. Ahora soy yo la que debe hacer que nuestro pequeño apartamento sea más que un lugar en el que vivimos, sino un hogar, un recinto sagrado al que todos quieran regresar para sentirse a salvo, amados y felices. Y, también, ahora soy yo la que lleva vida dentro suyo, la que se ha dado cuenta de los rincones inexplorados de su corazón que ahora perecen rebozar de una fuerza arrolladora que busca más que el bienestar, el todo de la chiquita hermosa que crece y crece dentro mío. Cierro los ojos y puedo besarla.

Cuando me casé, pensé que tenía una buena idea de lo que el matrimonio era. A medida que pasaban los días convertidos en semanas, me di cuenta que no tenía idea y que todo era mejor y más difícil de lo que imaginaba.

Lo amaba más y más, lo amo más a mi compañero eterno. Y sé que el precio que tengo pagar para estar con él es uno muy grande, requiere que sacrifique orgullo, vanidad, egoísmo, miedo, etc… aquello que nunca pensé tuviera en demasiada medida, pero que resultó siendo abundante a la primera discordia. Necesito ser mejor persona para poder estar con él, necesito ser una mejor yo para no ser simplemente la mujer que vive a su lado, sino su esposa, su compañera, su ayuda ideal. Y él paga su otro tanto. Entre ambos, pagamos el precio. Difícil, constante pues es un pago diario, a veces abrumador; pero cuán dulce es el resultado, cuán glorioso, brillante y abrigador.

Recién con él me di cuenta de quién era y de quién podía llegar a ser, a total capacidad. No una imagen vaga, pero nítida. Aún a millones de años luz estoy, pero ahora sé, a donde me dirijo si me esfuerzo.

Y luego, tras ese gran aprendizaje que aún estoy procesando. Llego la pregunta a mi corazón ¿estoy embarazada?

Es fresco en mi memoria el momento exacto en el que la primera duda me asalto. Había alguien más aparte de mí dentro mío, ¿sería posible? (Claro que lo sería responde la lógica con su mayor de probabilidades, pero de la teoría al sentimiento de un embarazo hay universos de por medio). Cuando vi el resultado de la prueba de embarazo dejé escapar un suspiro que vino de mi alma: alivio y terror.

No estaba equivocada, había sido escogida por misericordia a tener vida dentro. Qué alegría!

No tenía ni idea de qué rayos iba a hacer, cero experiencia con niños, qué va a ser de mí! Qué miedo!!

Un paso cada vez, con algo de muchísima incertidumbre, alumbrándome con fe. Rogando por esperanza, alimentándome de sueños.

Semanas pasaron, mi visa llegó, tuve que dejar mi tierra y mi familia atrás. Volar fuera del nido. Lloré mis mares, y aún tengo lagos y ríos por llorar. Llegué a lugares nuevos, con un idioma que felizmente entiendo, pero que aún me es extraño, con sabores distintos, costumbres extrañas, culturas con paradigmas incomprensibles. Llegué con mi barriguita como consuelo máximo, mi bebe tan chiquita me sostenía, me decía “tú puedes, mami, quiero ver a mi papá, no lo he visto por varios meses desde que era una pequeña manchita con un corazón veloz. Quiero que me vea y sienta, soy fuerte, soy valiente, soy el resultado de tú y él. Tú puedes, mami, yo te ayudo”. Y con ella, pude.

Llegué a formar nuestro hogar. Llegué a los brazos de mi esposo, a darle a mi princesa, Giselle, su propia familia.

Somos tres ahora, cuatro con Dios de nuestro lado (y sí que lo necesitamos), ocho contando a nuestros padres, de ambos lados, quienes nos apoyan a cada paso. Más si incluimos a los tíos (nuevos y con experiencia), abuelos, primos y otros. Somos la renovación de los fundamentos de la tierra, somos generación. Somos una familia, un eslabón nuevo en la eterna cadena de la vida.

Somos tú y yo, y papi; mi dulce chiquita.

 

—————-

Entonces, estoy de vuelta a mi blog, lamento el abandono, ahora sí que estoy recién ha empezado. Listos? Porque yo no! 😉

Chocolate en el Desayuno? Sí es posible!

_MG_0679 - copia

Mi declarado amor por el chocolate es cosa conocida y vieja, entre la ambrosía del cacao y yo hay una relación que es casi sagrada, sólo mi esposo la supera…pero sólo por poquito (pero no se lo digan o no más me vuelve a comprar).

Así que con el día de la madre cerca, demasiado cerca, se me ocurrió que quizá pudiera compartir algunas de mis recetas favoritas, sencillas todas, para preparar algo rico y especial para las reinas y mandamaces de la casa, nuestras mamás (ya sean amas de casa exclusivas, o mamás que trabajan fuera de casa, ambas labores son sacrificadas y ambas siguen siendo mamás… ya sean biológicas o no). Y hoy nos toca el desayuno.

La comida más importante del día, y por qué no, puede que la más especial.

Hay miles de versiones de desayunos especiales que podemos hacer para nuestras reinitas, a todo gusto y a todo tiempo. Hoy les propongo una versión para las mamás con antojitos dulces y que aún en todo, sigan cuidando la línea.

Mi lema como bien saben es: “entre más rico, genial; y entre más saludable, MEJOR” porque de lo rico, doble, y si sano, triple!!! Ya se ve que yo no estoy en el grupo de porciones reducidas.

Por ello hoy les comparto un PUDDING DE CHOCOLATE CON AVENA, y CHOCOTRUFAS DE AVENA.

Avena? sí eso he dicho, fibra para todos! Quién dice que un placer chocolatoso no puede contener un plus extra de saludable (porque recuerden el chocolate no es malo, repítanlo conmigo: NO ES MALO, Comer chocolate es bueno).

Sigue leyendo